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10 sept. 2017

La Troglodita, una caverna mutante hecha biblioteca

La Troglodita, una caverna mutante hecha biblioteca

María Vega Trujillo

 

[Nota editorial: El presente texto fue redactado gracias a la mediación de Juan Sebastián Moreno, el responsable del proyecto Biblioteca Troglodita, a quién agradecemos su colaboración.]

 

En esta biblioteca no hay catálogos, ni puestos fijos, ni métodos de referencia; no hay etiquetas, no hay códigos, ni carné o lista de ingreso. No hay practicantes de colegio, ni bibliotecarios de bata blanca y gafas empolvadas. Aquí reina un caos armónico, una parranda de imágenes, libros y objetos grandes, pequeños y medianos. Este es un lugar en el que los libros parecen estar de fiesta, explayados por aquí y por allá, jugando a relacionarse con el mundo, con objetos que los invitan a encajar o desencajar, para construir nuevas historias, nuevos textos… infinitamente.

En la Biblioteca Troglodita los días son oportunidades para crear formas distintas en el espacio y para convertirse en autor de un sinfín de relaciones. El que llega puede jugar a ser dios: poner, quitar, mover, transformar, inventar, imaginar… Todo puede suceder, depende de quién se atreva a tomar el riesgo y se deje tentar por las ideas que propone este lugar. Animales de plástico, cordones, pelucas, piedras, bolsas repletas de múltiples cositas, -desde un condón hasta un confite derretido- palos, sillas, lámparas, el bomper de un carro, un extintor... y encima, manos inquietas.

Lejos de ser estática, de necesitar visitas en fila, con los brazos cruzados detrás de la espalda y cabezas que asienten con la mirada fija sobre las cosas, el constante movimiento de la Troglodita y su colección de desorden, invita a sus usuarios a sentarse sobre el piso entapetado, o sobre cualquier estructura dispuesta a acoger su cuerpo; a poner las piernas sobre la pared, o pararse de cabezas; a mirar para el techo, o para cualquier otra dirección: a ponerse cómodo y ser ocioso durante todas las horas que le venga en gana. Porque acá el ocio está sobrevalorado: es la actividad por excelencia y consecuencia.

Todo lo que hay disperso es una puerta abierta para hacer posibles conexiones . Y Juan Sebastián, el artista-bibliotecario creador de esta biblioteca, ha dejado varias insinuaciones, puestas como trampitas. Saltan ideas sobre la educación, sobre la luz y la oscuridad, las formas de la imagen, lo cavernario, lo móvil, lo originario. No en vano es Troglodita: su principio es ser nómada, no tiene un lugar fijo y se ancla por temporadas a otras instituciones que la puedan alimentar como un parásito (benigno).

La Troglodita, es una metáfora del conocimiento, del aprender; un guiño a la alegoría de la caverna Platónica, un estímulo para los sentidos y la razón. Al principio todo parece no ser más que desorden, descontrol y oscuridad… de pronto se ven algunas luces encendidas aleatoriamente que iluminan el espacio, dejan ver formas, crean sombras y juegan a descubrir lo que está alrededor. Después, todo se empieza a relacionar, lo abstracto se simplifica, empieza a cobrar sentido y como por arte de magia se deja entrever la comprensión.

Un par de estructuras sobresalen entre el montón de objetos, imágenes y libros que emergen del espacio de forma casi orgánica. Parecen la entrada a una cueva viscosa, roja, cálida… misteriosa. Las estalagmitas y estalactitas funcionan como separadores de páginas y acogen a cuánto personaje o cosa que las encuentre al pasar. Pero así como las formaciones rocosas, los accidentes geográficos o las precipitaciones químicas tardan años y años en formarse, los módulos de la Troglodita se forman de a poco. Están proyectados catorce, que unidos darán esa sensación de túnel cavernario, pero la última vez que la Biblioteca estuvo en funcionamiento (mayo a junio de 2017 en el Museo de Antioquia), tenía dos.

Como buena institución, la Troglodita propicia encuentros académicos y de divertimento en torno a temas múltiples que de repente le interese reflexionar. Además, su colección es infinita, el artista-bibliotecario encargado de planificar el desorden y coleccionar objetos-problema, le propone a los usuarios llevar libros de su preferencia para ser parte de la Biblioteca, pero no a modo de donación, si no de conexión: solo basta que tengan el sello Exlibris Troglodita y eso ya los hará parte simbólica de la biblioteca, sin importar dónde estén.

Por ahora, La Biblioteca Troglodita está quieta -también tiene sus momentos de reposo mientras su artista-bibliotecario regresa de vacaciones, (tanto ocio lo dejó exhausto la última vez y no ha querido renovar su contrato) y mientras aguarda otro lugar para articularse; alguna institución afín que esté dispuesta a compartir mobiliario, colecciones, o cosas varias que andaban muertas y que allí vuelven a revivir.

 

 

María Vega Trujillo es periodista.

 

Ilustración: Detalle de la instalación de la Biblioteca Troglodita en el Museo de Antioquia (Medellín, Colombia) en junio de 2017. Fotografía de Edgardo Civallero.