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bibliotecarios progresistas · el blog en español

31 jul. 2017

Uso de dos lenguas oficiales en Bolivia. Luis Oporto

El uso obligatorio de dos lenguas oficiales en el ejercicio de la función pública en Bolivia

Luis Oporto Ordóñez

 

[Nota editorial: El presente texto se incluye en este blog por su relevancia para los bibliotecarios (funcionarios públicos) bolivianos, y como ejemplo de una acción que debería ser tendencia en toda América Latina.]

 

El Artículo 237.7 que establece el uso obligatorio de dos lenguas oficiales en el ejercicio de la función pública, es una consecuencia del reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas, al que Bolivia se había comprometido al suscribir el Acuerdo 169 de la OIT, referente al tema. En 1990, ese reconocimiento implícito a los derechos de los pueblos indígenas generó una dinámica política desde las bases de los pueblos indígenas de las tierras bajas, que convocaron a la Marcha por la Dignidad y el Territorio, que partió desde Trinidad rumbo a la sede de Gobierno en la ciudad de La Paz. Si bien no logró el objetivo de modificar la CPE de 1967, logró arrancarle al Gobierno de Jaime Paz Zamora los tres primeros decretos de reconocimiento de los Territorios Comunitarios de Origen (TCO).

La oportunidad de oro de los legisladores se perdió al no incorporar la demanda en las modificaciones a la CPE en el Congreso Extraordinario de 1994, que incluyó una declaración lírica en el primer artículo de la CPE modificada, que reconoce a Bolivia como un país multicultural y plurilingüe, dejando atrás los componentes sociales, territoriales, lingüísticos, económicos, sociales y políticos.

 

Los Derechos de los Pueblos Indígena Originario Campesinos en Bolivia

El Art. 234.7 de la Constitución Política del Estado promulgado el 7 de febrero de 2009, señala que para acceder al ejercicio de funciones públicas se requiere “hablar al menos dos idiomas oficiales del país”. El alcance de esta norma constitucional está en directa relación con el Modelo de Estado y las Bases Fundamentales del Estado, cuyo alcance establece que “el Gobierno plurinacional y los gobiernos departamentales deben utilizar al menos dos idiomas oficiales. Uno de ellos debe ser el castellano y el otro se decidirá tomando en cuenta el uso, la conveniencia, las circunstancias, las necesidades y preferencias de la población en su totalidad o del territorio en cuestión. Los demás gobiernos deben utilizar los idiomas propios de su territorios, y uno de ellos debe ser el castellano”.1 De ahí se desprende la aplicación práctica de esta base fundamental del Estado en el Derecho de Petición, que incorpora la oralidad en su goce pleno, debiendo sin embargo, ser la respuesta “formal y pronta”.

Los constituyentes del proceso 2006-2008, remediaron el vacío legal al incorporar los Derechos de los Pueblos Indígena Originario Campesinos comprendidos en el Capítulo IV de la CPE,2 con un insospechado entramado constitucional en todos los órdenes: Salud y Seguridad Social,3 Trabajo y Empleo,4 Modelo de Estado,5 Principios, Valores y Fines del Estado.6 Sistema de Gobierno,7 Derechos Fundamentales y Garantías,8 Educación,9 Cultura,10 Ciencia, Tecnología e Investigación,11 Comunicación Social,12 Políticos,13 inclusión en el Órgano Legislativo,14 Judicial,15 Justicia Originaria Campesina,16 Órgano Electoral,17 Representación Política en cargos públicos electos,18 Defensoría del Pueblo,19 Relaciones Internacionales;20 Integración,21 Organización Territorial del Estado,22 Autonomía Departamental,23 Autonomía Municipal,24 Autonomía Indígena Originaria Campesina,25 Competencias de las Autonomías Indígenas,26 Organización Económica del Estado,27 Políticas Económicas,28 Política Financiera,29 Políticas Sectoriales,30 Distribución de Bienes y Recursos del Estado,31 Medio Ambiente,32 Recursos Naturales,33 Recursos Hídricos,34 Coca originaria,35 Áreas Protegidas,36 Recursos Forestales,37 Amazonía,38 Tierra y Territorio39 y Desarrollo Rural Integral.40

 

Implementación de la norma

Su aplicación no fue inmediata, pues como lo establece la propia constitución “el requisito de hablar al menos dos idiomas oficiales para el desempeño de funciones públicas, será de aplicación progresiva de acuerdo a la ley”,41 en este caso la 269, Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas. La norma motivó la aproximación (a veces dramática) de los servidores públicos a los idiomas originarios o nativos, con cursos de aprendizaje impartidos por la Escuela de Gestión Pública Plurinacional, o en su defecto demostrar suficiencia en el uso del idioma mediante un examen oral presencial. El Viceministerio de Lucha contra la Discriminación es el ente responsable de velar por el cumplimiento del precepto constitucional, cuya labor fue efectiva, pues prácticamente la mayor parte de los servidores públicos pasaron por los cursos de aprendizaje de idiomas originarios. Actualmente está en implementación la realización de cursos de profundización en un segundo nivel.


El idioma originario como elemento de discriminación

En el pasado no muy lejano, hablar un idioma nativo no era precisamente una buena carta de presentación. En los hechos se hizo lo imposible para erradicarlo del uso cotidiano, inclusive desde la escuela o el propio hogar. Muchas veces los hablantes nativos se veían forzados a esconder esa destreza, otros sentían vergüenza reconocer que hablaban esas lenguas, como efecto de la discriminación racial que caracterizó con fuerza a nuestra sociedad.

No obstante, la Universidad Pública, incorporó la obligación de hablar al menos un idioma oficial para la titulación, que fue implementado exitosamente por medio de los cursos del Centro de Enseñanza y Traducción de Idiomas, en el caso dela Universidad Mayor de San Andrés, que es una alternativa al dominio de una lengua extranjera que sigue vigente.

 

Aprendizaje de las lenguas originarias en el hogar

En nuestra propia experiencia, que es similar a la de cientos de miles, la infancia fue el primer contacto con el quechua, uno de los 35 idiomas originarios oficiales de Bolivia. Al interior del hogar paterno, en el distrito minero de Siglo XX, aledaño a la ciudad minera de Llallagua (Provincia Bustillos del Departamento de Potosí), se practicaba el idioma quechua o runasimi, en varios momentos de la vida cotidiana:

 

en el mercado de abasto, por ejemplo; en los negocios con los campesinos agricultores que traían sus productos a las minas; en los trabajos "al partido" (mitad de la cosecha para el propietario y mitad para el agricultor) de las chacras y sembradíos; en la conversación coloquial o intimidad de nuestros padres, en fin, en la relación de los vecinos, predominaba el quechua

 

Los hijos estábamos al margen de ese universo lingüístico pero de manera natural y paulatina fuimos aprehendiendo el arte del quechua, el antiguo idioma de los Incas. En realidad el hogar era un medio en el que se practicaba el bilingüismo. Fuera de la casa éramos castellano hablantes: la escuela, la calle, el cine, el fútbol, la natación, los juegos, los estudios, la diversión, la fiesta y el deporte.

Muchos pasábamos la vacación de invierno en los poblados donde nacieron nuestros padres. En mi caso, desde los ocho años, dos semanas al año visitaba Cenajo y P'isata. (Provincia Charcas, Potosí). Allí, a diferencia del centro minero, éramos quechua-hablantes todo el tiempo.

 

Certificado de Quechua Hablante

Los servidores públicos, al término de los cursos de aprendizaje son certificados en sus destrezas con el idioma originario, mediante certificados oficiales con valor legal. Las unidades de Auditoría Interna, tienen la obligación de verificar el cumplimiento de la norma, informado de manera directa a la Contraloría General del Estado, haciendo notar en las observaciones, los funcionarios que no adjuntan los certificados.

La alternativa para los hablantes de una lengua originaria es someterse a un examen de suficiencia que es tomado en la Escuela de Gestión Pública Plurinacional. El examen se inicia desde el momento en que la especialista recibe al interesado, con un saludo muy cordial en idioma originario. La respuesta, obviamente, debe expresarse en la misma lengua. En medio de preguntas generales sobre el tiempo, la economía, el tráfico vehicular, se da inicio a la prueba, mediante un cuestionario organizado en varias partes, para probar la fluidez del idioma y el alcance del vocabulario, empezando con preguntas de carácter general, tales como nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimiento, profesión, ocupación laboral, horarios de ingreso y salida del trabajo, otras ocupaciones, por ejemplo, docencia, mencionando la universidad, algo de historia, símbolos patrios. Otro aspecto importante es la forma de adquisición del idioma, que deriva en una conversación sobre el hogar, los padres, hermanos, etc. Finalizada la prueba, la especialista tabula los resultados positivos y emite el dictamen. Extiende al interesado una constancia de haber rendido el examen mientras se elabora el Certificado oficial, que servirá para probar el cumplimiento del Art. 237.4 de la CPE.
Hoy tengo en mi poder el Certificado de Quechua Hablante, extendido el 7 de julio de 2017 por la Escuela de Gestión Pública Plurinacional, documento con valor legal, extendido al amparo de la ley 269, Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas. El quechua es un legado imperecedero de mis padres Rosendo Oporto42 y Constantina Ordoñez,43 a quienes nunca terminaré de agradecer, pues era impensable entonces que el idioma materno nativo alcanzara un reconocimiento oficial, y que se convirtiera en un requisito para el ejercicio de la función pública

 

Notas

1. Art. 5.1.
2. Título II. Derechos Fundamentales y Garantías: Art. 30, 31 y 32
3. Art.35.II, 42.I, II, III; 45.II
4. Art.47.II, III; 51.III
5. Art. 1, 2, 3, 4, 5
6. Art. 7, 8, 9
7. Art. 11.II.3
8. Art. 14.II, 24
9. Art.17, 78, 79, 80, 83, 84; 91, 93, 95.
10. Art. 98, 100
11. Art. 103
12. Art. 106, 107
13. Art.26.II.3
14. Art. 146.VII, 147.II, III
15. Art.178.I, 179.I, II
16. Art. 190, 191 y 192
17. Art. 206.V
18. Art. 209, 210 y 211
19. Art. 218.II
20. Art. 255.II.4, 7
21. Art. 265.II
22. Art. 269.I; 270, 273
23. Art. 278.I, II
24. Art. 284.II
25. Art. 289-296
26. Art. 303, 304
27. Art. 306, 308309,311.I.6, 313 y 315
28. Art. 318, 319
29. Art. 330.II
30. Art. 334, 336 y 337
31. Art. 340.III
32 .Art. 343
33. Art. 351.IV, 352
34. Art. 374.II
35. Art. 384
36. Art. 385.II
37. Art. 386, 388
38. Art. 391.III
39. Art. 393, 394.III, 395.I, 397.II, III, 403.I, II
40. Art. 405, 406, 407
41. Décima Disposición Transitoria.
42. Nació en Moscarí, San Pedro de Buena Vista, el 9 de julio de 1922. Fue trabajador de la Patiño Mines en la Empresa Minera Catavi y posteriormente continuó como Mayordomo de la Sección Chancadora en la misma empresa, dependiente de la Comibol, en el centro minero de Siglo XX. Falleció en Llallagua, el 11 de septiembre de 1969.
43. Nació en Cenajo, villorrio de la Provincia Charcas, Potosí, el 10 de septiembre de 1926. Emigró muy joven al centro minero de Siglo XX, enrolándose en el trabajo a destaje, donde conoció a Rosendo, formando una familia. Mujer de temple, emprendedora y activa, logró comprar una casa en la ciudad de Llallagua e incentivó a su esposo para adjudicarse una vivienda de carácter social en Ciudad Satélite. Mujer quechua-hablante logró superar la barrera del analfabetismo con los cursos de Escuelas Radiofónicas de Bolivia. Falleció el 31 de marzo de 1990, en la ciudad de La Paz.

 

 

Luis Oporto Ordóñez es Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas (UMSA). Docente titular de Archivística en la Carrera de Historia de la UMSA. Editor de Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, institución que dirige. Miembro del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

 

Ilustración: Fotografía del autor con su certificado de hablante de lengua quechua.

17 jul. 2017

Decrecimiento y bibliotecas. Edgardo Civallero

Decrecimiento y bibliotecas

Edgardo Civallero

 

Los límites biofísicos del planeta existen, y se manifiestan en su capacidad para suministrar recursos y absorber los desechos de la actividad humana. El crecimiento exponencial dentro de límites finitos resulta en superar la capacidad de la biosfera para mantener nuestras actividades, y coloca a la humanidad en rumbo de colisión con la realidad biofísica.

En líneas generales, a lo largo de la historia los seres humanos han sido conscientes de esas limitaciones y de la imperiosa necesidad de proteger los recursos existentes: sus propias vidas dependían y siguen dependiendo de ellos. Y no solo la suya, sino también las de sus compañeros de viaje, con quienes están íntimamente enlazados a través de la intrincada serie de relaciones que existe entre todos los integrantes de cualquier sistema natural. Después de todo, el mundo es un tejido en el que todos los hilos son importantes: si uno se deshace o desaparece, los demás no tardarán en seguirlo.

Sin embargo, a partir de cierto punto de su historia, las sociedades con economías de mercado capitalistas comenzaron a considerarse independientes de esa entidad abstracta conocida como "naturaleza", y consideraron que los seres humanos podían manejar su entorno a su conveniencia, haciendo uso y abuso de él en su propio beneficio. Los avances en el conocimiento científico alimentaron la idea de la humanidad como entidad superior y única, dueña y señora de todo lo que la rodeaba. Pocos entendieron que el hombre no es el tejedor, sino un hilo más de la trama.

La revolución industrial y el boom del sistema capitalista y mercantilista ―que precisaba de ingentes cantidades de todo tipo de recursos naturales para alimentar la cadena de producción de bienes que mantenían vivo el mercado― reforzaron el uso y el abuso. El planeta entero fue explorado, cartografiado, colonizado, evaluado por su potencial interés económico, y explotado. Pocas veces se respetaron límites, pocos valores o lineamientos éticos se tuvieron en cuenta; todo fue dejado de lado en nombre del progreso y del desarrollo.

Los problemas medioambientales comenzaron a ser abordados abiertamente a mediados del siglo pasado, con Silent Spring (Rachel Carson, 1962) como uno de los primeros hitos literarios sobre el tema. Distintas investigaciones y estudios empezaron a apuntalar la idea de que las sociedades humanas estaban degradando, desestabilizando, perturbando y agotando los sistemas naturales. Surgieron nuevos términos, como "conservacionismo", "ecologismo" y "ambientalismo", y poco después, "economía verde" y "sostenibilidad". Este último planteó la necesidad urgente de cuidar los recursos existentes y reducir los desechos, aunque el abordaje central buscaba evitar que la caída del sistema económico mientras que, al mismo tiempo, permitía el green-washing de las políticas de business as usual. Pocas voces plantearon la necesidad de abordar las causas directas de la crisis socio-ecológica: las soluciones se limitaron a poner parches, a mitigar algunos efectos o a reducir su impacto.

Las medidas adoptadas demostraron ser absolutamente ineficaces: la tendencia no solo no ha cambiado ni se ha revertido, sino que ha continuado su progresión. De hecho, la "Gran Aceleración" en la actividad humana desde el inicio de la Revolución Industrial hasta nuestros días respalda la afirmación de que la Tierra ha entrado en una nueva época geológica, el Antropoceno. Como respuesta a esta situación, en los últimos tiempos han surgido dos tendencias. Por un lado, el minimalismo: una simplificación del modo de vida moderno, una especie de "vivir con menos" para reducir el desbocado consumismo. Por el otro, la suficiencia y el decrecimiento (en países industrializados): reducir la producción y el consumo y, por tanto, el uso de recursos naturales y energía, y al mismo tiempo reutilizar, recuperar y reciclar tanto como sea posible, satisfaciendo las necesidades de la viabilidad a largo plazo de los sistemas biofísicos de la Tierra, esos que soportan las sociedades humanas y en los cuales sus economías están insertas.

Kallis define el decrecimiento como "an equitable downscaling of production and consumption that increases human well-being and enhances ecological conditions" [una reducción equitativa de la producción y el consumo que aumenta el bienestar humano y mejora las condiciones ecológicas].

El movimiento decrecentista se ha convertido en una corriente de pensamiento y acción: la punta de lanza en la lucha, ya no por una vida digna, sino por una vida posible. Entre sus principales referentes se encuentran autores e investigadores como Serge Latouche, Giorgos Kallis o Federico Demaria.

Si las bibliotecas buscan colaborar con sus comunidades en la lucha contra el cambio climático, la polución, la pérdida de biodiversidad, el agotamiento de los recursos naturales, el empobrecimiento general de los biomas ―y todas sus consecuencias sociales― y todos los otros componentes de la actual crisis medioambiental, deberían participar activamente en el debate decrecentista y apoyarlo. Y lo deberían hacer por partida doble. Por un lado, decreciendo ellas mismas: reduciendo su consumo energético, revisando sus prácticas y políticas, analizando qué mercados apoyan con sus decisiones... Por el otro, ayudando a sus comunidades en la transición (urgente) a una sociedad decrecentista, lo cual implica, entre otras cosas, proporcionar información, crear espacios de debate, formación y trabajo colectivo, etc.

Los problemas a los que se enfrentan los habitantes del planeta ―todos los seres vivos, humanos o no― son incuestionables: son demasiado evidentes como para intentar ocultarlos o disimularlos, mucho más para negarlos. Faltaría espacio, en esta breve columna, para abordar una bibliografía siquiera básica que refleje la gravedad de la situación medioambiental y social actual. Las bibliotecas no son entidades ajenas a tales problemas: terminarán sufriendo sus consecuencias, como todos los demás habitantes del planeta. Afortunadamente, tienen las herramientas y habilidades para contribuir al proceso de transición hacia sociedades sostenibles dentro de límites planetarios finitos.


[Este texto es la versión en castellano de una columna publicada en American Libraries, el órgano de comunicación de la ALA (American Library Association)].

 

 

Edgardo Civallero [ver] es licenciado en Bibliotecología y Documentación por la Universidad Nacional de Córdoba. Está especializado en servicios bibliotecarios para pueblos indígenas y grupos minoritarios, tradición oral, sonidos amenazados (lenguas y músicas) y clasificación del conocimiento. También es investigador en temas relacionados con la descolonización, el decrecimiento y la sostenibilidad, la bibliotecología crítica/social/progresista, el acceso abierto y la historia no-europea del libro. Es miembro del Standing Committee de la Sección Indigenous Matters de la IFLA, y del comité coordinador y el equipo editorial del Progressive Librarians Guild. Actualmente trabaja como bibliotecario independiente, consultor de información, escritor y editor.

 

Ilustración: Snail [tomada de OgNature].

1 jul. 2017

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"Bibliotecarios progresistas" es el blog oficial en español del Progressive Librarians Guild (PLG). En él se publican columnas invitadas, escritas por profesionales hispanohablantes del mundo de las bibliotecas, el libro y la información, acerca de temas relacionados con la bibliotecología social, crítica y progresista.

Las entradas se publican de forma periódica, y se difunden a través de las redes sociales oficiales del Progressive Librarians Guild.

Las consultas pueden dirigirse al coordinador del espacio, Edgardo Civallero, al correo edgardocivallero (arroba) gmail (punto) com.

 

 

Ilustración: Blog [tomada de Isragarcia.es].